Testimonios

TODOS SOMOS IGUALES

© UNICEF
Maxi, Alejandro y María en pleno rodaje

Los chicos y chicas de Morón, en el Gran Buenos Aires hicieron cuatro cortos que reflejan el prejuicio y la discriminación que sienten por el lugar donde viven.

También la búsqueda de la igualdad de género es un tema que afecta a las chicas en un medio donde, a veces, predomina una cultura machista.

“Con mis compañeros armamos un guión sobre un chico y una chica que en la casa hacían diferencias. A la chica no la dejaban salir y al chico sí a todos lados. Este tema lo elegimos porque es algo que nos pasa. Trabajar sobre los derechos fue algo muy interesante porque acá, que es un barrio humilde, mucho no se sabe de todo eso.

Por ejemplo, esa chica no tiene el derecho de expresarse y salir como su hermano por ser mujer. La discrimina su familia por eso”, cuenta Alejandro Arrieta de 15 años y que vive en el barrio Presidente Ibáñez. Sobre el tema de la exclusión que padecen mucho chicos y chicas del barrio, también habla Maximiliano Ramírez que tiene 17 años. En uno de los cortos intentan mostrar que siempre hay maneras de integrar. “Tratamos temas relacionados con los derechos y la discriminación.

Por ejemplo, la filmación que hicimos donde una chica ciega es la protagonista, estuvo buena porque los demás chicos no la dejan sola por ser ciega. Los personajes buscan juegos que puedan hacer con ella”.

María Oliva, vive en el barrio San José, de la misma ciudad y a sus 17 años cuenta lo que piensa. “Cuando la gente vea estos videos me gustaría que les llegue el mensaje que es, no a la discriminación. Esto es lo que más hay en el mundo: vos no, porque sos diferente. Yo me quise basar en eso para llegar a entender que aunque somos diferentes por fuera, somos lo mismo por dentro. Los pibes como yo sufren mucha discriminación, especialmente los que viven en la villa.

Los demás dicen: con vos no me junto porque sos villero y otras cosas así. Pienso en la gente que los van a ver, y como dije antes, si hicimos este corto es para un fin: que tenga un mensaje”.

Alejandro, por su parte, también espera que sus videos sean apreciados y que la gente comprenda lo que quieren trasmitir. “Cuando el público vea nuestros videos sé que les va a interesar. Ojalá que les guste y quisiera que vieran que en un barrio humilde como éste se pueden hacer cosas. Que entiendan un poco más de los derechos porque los videos están enseñando lo que pensamos nosotros. También para que en otros barrios que no hay estas posibilidades se puedan hacer estos talleres”.

“Cuando la gente vea estos videos me gustaría que les llegue el mensaje que es, no a la discriminación. Esto es lo que más hay en el mundo: vos no, porque sos diferente. Yo me quise basar en eso para llegar a entender que aunque somos diferentes por fuera, somos lo mismo por dentro”

Los chicos cuentan que la participación en los talleres de Un Minuto por mis derechos los incentivó para hacer nuevas cosas. “Es raro ahora hacer este taller porque antes estaba acostumbrado a hacer otras cosas como sólo jugar a la pelota.”, dice Alejandro, pero entusiasmado cuenta su experiencia en el curso, “el video y la fotografía son cosas que siempre me gustaron. Como los otros chicos que están en el taller viven cerca de mi casa me invitaron.

Empecé a venir y me gustó mucho. Es la primera vez que hago algo así. Lo que me enseñan es muy copado. Como manejar una cámara y actuar. Lo más interesante para mí fue el tema de aprender a armar las tomas y ver los diferentes tipos de planos. Y también poder contar historias es muy bonito porque nosotros somos los que armamos los guiones y decimos lo que queremos”.

María también habla de su rol dentro del proceso de filmación. “Yo fui directora y la experiencia fue muy buena, hacer las escenas y pensar las tomas. La verdad es que nunca había tenido esta experiencia y lo que más me gustó de hacer este corto fue que discutíamos sobre los derechos. Ya que nadie los respeta es importante que los conozcamos y hablemos sobre eso”.

Maximiliano que asiste al taller de la Capilla Sagrado Corazón, va al colegio pero también trabaja en su casa, pese a que le queda poco tiempo libre también se entusiasmó con el proyecto. “Ya sabía que se iba a hacer este taller y por eso me enganché. Lo que más me gustó fue manejar la cámara porque yo hice de camarógrafo.

Durante los meses previos a filmar practicábamos las escenas y las historias que íbamos a grabar. Aparte creo que poder agarrar la cámara y decir lo que queremos es una formar de ejercer nuestro derecho a expresarnos. Y me parece que todos los pibes tienen derecho a eso porque eso es algo que no pasa todos los días”.

Taller en el comedor comunitario de la Capilla Sagrado Corazón. Morón Sur, Provincia de Buenos Aires.
Capacitadores: Mario Berardi y Matías Albertotti.

“Cuando hay sueños no existen las limitaciones”

© UNICEF
Mariana en la Biblioteca Argentina para Ciegos

Mariana participa del proyecto apoyado por UNICEF Argentina, “Braille Joven”, que publica una revista y un CD con contenidos para chicos y chicas ciegos o con discapacidad visual.

Al finalizar la escuela quiere estudiar producción radial o alguna carrera relacionada a los sonidos.

Ésta es la historia de una joven activa y voluntariosa, convencida que tener una discapacidad visual no es un ningún impedimento para concretar sus ilusiones.

A sus 18 años Mariana Chandelier sonríe casi todo el tiempo. Como a cualquier adolescente, le gusta escuchar música, leer, informarse por la radio y hablar a través de su teléfono celular. Dice ser algo tímida, y si bien su tono de voz, suave y bajo, parece confirmarlo, su supuesta timidez se desploma cuando habla de su vida, de sus proyectos, de lo que siente y de los temas que la preocupan. En ese momento sus afirmaciones se vuelven seguras y contundentes. Cuando habla de los problemas que afectan a los otros, sus gestos de seriedad, y el tiempo que se toma para pensar y responder a cada pregunta, denotan una enorme sensibilidad.

“No tengo problema en hablar sobre mi situación. Yo vivo con esto y viví así toda mi vida. En realidad los demás son los que se hacen problemas. No saben cómo tratar a una persona ciega”

La sala de lectura de la Biblioteca Argentina para Ciegos es grande, todo es de madera antigua y con estantes repletos de enormes libros escritos en braille. Esta tarde está desierta y parece ser el lugar más adecuado para conversar. Hace un año y medio Mariana llegó aquí para quedarse. “Desde que comenzamos con el proyecto Braille Joven vengo todos los días, después del colegio.

Y pensar que antes no quería venir y ahora, además de todo lo que hago, estoy muy interesada en mejorar la institución. A veces veo para atrás y reconozco los cambios. Se me abrieron las puertas para nuevas posibilidades”, dice la joven que es ciega casi desde su nacimiento.

Dos situaciones inesperadas –primero siendo un bebé en la incubadora y luego en una operación correctiva– provocaron que Mariana tuviera una severa disminución visual. “No tengo problema en hablar sobre mi situación. Yo vivo con esto y viví así toda mi vida. En realidad los demás son los que se hacen problemas. No saben cómo tratar a una persona ciega. Son demasiado cargosas y piensan que no puedo hacer nada.

Tenemos que tener mucha paciencia. Pasa cuando subimos a un colectivo y hay gente que empieza a gritar ‘¡el asiento por favor. No puede ser que no cedan el asiento!’, me pone mal porque la verdad es que yo también puedo viajar parada. Nosotros esperamos que todo sea más natural. No somos extraterrestres”.

Integración y nuevas perspectivas

Mariana admite que hubo un cambio rotundo en su vida a partir de su incorporación al proyecto Braille Joven. En mayo de 2005 participó, junto a un grupo de chicos y chicas, de la Feria del Desarrollo del Cono Sur organizada por UNICEF y el Banco Mundial, donde concursaron más de 2700 proyectos.

El objetivo de la Feria era promover el desarrollo de jóvenes en situación de pobreza. Allí se presentó el grupo y se trajo uno de los premios: un año de financiamiento para desarrollar una revista con contenidos destinados a jóvenes ciegos producida enteramente por ellos, un CD de audio donde relatan los textos de la publicación y el armado de talleres de debate sobre temas que los preocupan. “La revista ayudó en varios aspectos de mi vida, porque viví experiencias importantes.

Ante todo, me permitió tener un grupo de amigos muy especial. Se fortalecieron los lazos y hoy somos muy unidos”, relata la joven y al mismo tiempo subraya, “también me ayudó muchísimo a sentirme segura de salir sola. Me costaba mucho entablar conversación con la gente. Era muy tímida y esto favoreció para que me abra un poco más. Braille Joven me ayudó porque tuve que salir y hablar en los talleres, entrevistar a gente, hacer preguntas. Ayuda a sociabilizarte”.

Mariana se entusiasma cuando rememora aquella experiencia y los cambios que sobrevinieron en su vida. Es que a partir del proyecto de la revista se presentaron nuevas oportunidades. Desde pequeña se sintió atraída por la radio y los sonidos. Hacía grabaciones caseras y hasta realizó la edición de un programa de radio del colegio. Por esto, en cuanto tuvo la oportunidad quiso demostrar sus habilidades y capacidades. “Siempre demostré interés y empecé a colaborar en la elaboración del CD de la revista.

Luego se presentó otro proyecto para digitalizar y evitar que se pierdan las 200 obras del libro parlante de la biblioteca y allí fue cuando me propusieron a mí para que sea parte del grupo de trabajo. Primero pasamos las cintas a la computadora y luego los trasformamos en MP3 para grabarlos en DVD’s La idea es que los socios pueden acceder a las obras en cassette, CD de audio o MP3”, explica en detalle. Hoy, con una pasantía de nueve meses, Mariana tiene una nueva perspectiva laboral. También se está capacitando en el uso de un programa de computación que edita audios. La idea es que cuando finalice el período del programa tenga la posibilidad de continuar con el trabajo.

“La revista ayudó en varios aspectos de mi vida, porque viví experiencias importantes. Ante todo, me permitió tener un grupo de amigos muy especial. Se fortalecieron los lazos y hoy somos muy unidos”

Familia y sensibilidad social

Mariana no tiene hermanos y vive con su madre, que según cuenta la adolescente, siempre la incentivó para que se acerque al grupo de jóvenes de la biblioteca y ahora esta feliz por su progreso. Aunque claro, al principio expresó sus temores por la nueva libertad adquirida por su hija. Antes la joven salía poco o casi nada de noche.

Dice que no se sentía cómoda en los locales bailables y prefería quedarse en casa. Con su nuevo grupo de amigos eso cambió al punto que van al cine, al teatro o a cenar. “El tema de las salidas ha sido difícil. Cuando empezamos a salir de noche mi mamá se quedaba muy preocupada por el horario.

Eso fue hasta que se dio cuenta de cómo éramos nosotros como grupo, que no nos íbamos a perder y que nos cuidamos. Hoy ella ve que yo estoy bien y lo fue asimilando”, dice Mariana y agrega con sabiduría, “es todo un proceso que siempre se suele vivir: Es cuestión de tiempo”.

Hace casi dos años, en el centro de la Ciudad de Buenos Aires, un local bailable donde se presentaba un grupo de rock se incendió y la tragedia les costó la vida a 192 jóvenes. Este hecho que devino en una importante movilización social, en una crisis política con la destitución del Jefe de Gobierno de la Ciudad incluida, y que aún hoy es tema de agenda de los medios de comunicación, impactó a Mariana.

“Me movilizó la tragedia de Cromañón porque las personas que murieron eran de mi edad. Yo vivo muy cerca de allí y esa noche escuché las sirenas de las ambulancias y de los bomberos durante muchas horas. Sentí tanta impotencia, quería hacer algo y no sabía qué. La verdad es que me afectó muchísimo eso.

Luego, en el primer número de la revista escribí una nota sobre el tema”, señala la joven que vive en el mismo barrio de Once, muy cerca del lugar del suceso. También habla con gran elocuencia y conciencia solidaria de la gravedad del aumento de las adicciones entre los chicos y chicas, de la donación voluntaria de sangre y de las malas condiciones de la Ciudad para el traslado de personas ciegas.

A punto de terminar la escuela secundaria, Mariana sorprende por el nivel de firmeza de sus decisiones cuando se le pregunta por sus proyectos futuros. “Antes de empezar la facultad tengo ganas de tomarme un tiempo para hacer cosas que me gustan. Aprender piano o tomar clases de actuación, alguna vez soñé con ser actriz.

Mientras, sigo con el trabajo de la Biblioteca y con Braille Joven”, cuenta y reafirma su compromiso con el proyecto a modo de máxima, “tratamos de incentivar a aquellas personas que tienen una limitación en la vista o cualquier otra, para que hagan cosas. Para que disfruten, para que participen y hagan más cosas dentro de la sociedad. Si vos querés podes hacer cosas. Te tendrás que adaptar, pero se puede”.

Fuente: Unicef Argentina